viernes, 16 de septiembre de 2011



Tomándome unas cervezas con unos amigos surgió la conversación con un señor de 84 años, que me contó una historia que me es casi imposible de comprobar por los 40 y tantos años que han transcurrido desde aquel hecho pero que no dudo que haya ocurrido, les diré que la historia me suena que es muy cierta.

Tiene que ver con el tesoro o mejor dicho, uno de los tesoros del Mariscal Juan Crisóstomo Falcón (1820 – 1870) quien fuera uno de los dos personajes principales, junto con Ezequiel Zamora, de la Guerra Federal en Venezuela entre los años de 1859 y 1863 y que al resultar vencedor asumió la  Presidencia de Venezuela.

Este general, natural de uno de los pueblos la Península de Paraguaná era ya un hombre acaudalado antes de llegar a la Presidencia. A manera de ahorro, o mas bien de resguardo de sus bienes, persistía en ese tiempo la costumbre de enterrar los objetos de valor, sobre todo monedas de oro, las famosas morocotas.

Este General poseía varias casas en el Estado que hoy lleva su nombre. Una de sus casas principales quedaba en las Cumaraguas, en la Península de Paraguaná.

Resulta, según me cuenta el señor de 84 años, alrededor del año 1970 comenzó a construirse la carretera que iba desde la población de Las Cumaraguas a el pueblo de El Vínculo. Esa carretera pasaba muy cerca de una de las casas del General Falcón. A medida que fueron acondicionando el terreno comenzaron a descubrir cosas interesantes, las cuales no preservaron, quizás por la ignorancia de las personas encargadas de dirigir esas obras, que desconocían el valor histórico de esas construcciones.

La primera de esas cosas interesantes fue un túnel subterráneo, no muy largo, el cual los constructores de la carretera torpemente decidieron destruir y rellenaron luego de tierra. Un poco mas allá del túnel, mientras se construía la carretera, estaba trabajando un señor solo, haciendo la labor de retirar la tierra con un tractor, cuando en un momento le parece ver cositas que brillaban con la luz del sol en el mismo sentido en que conducía su tractor. Cuando se baja a observar descubre que eran cientos de morocotas de reluciente oro, eran las morocotas enterradas de Juan Crisóstomo Falcón.

Este señor con la emoción comienza a cargar el tractor con las morocotas pero eran tantas que ya el asiento y el piso del tractor no bastaban para contenerlas. Agarró un lote de morocotas, las metió quien sabe en que recipiente y se las llevó para su casa, dejando el tractor encendido.

Cuando llegaron los otros compañeros de trabajo, al ver el tractor prendido y sin su tripulante pensaron que algo malo le había pasado y llamaron a la policía. Al llegar la policía a inspeccionar el tractor se percataron del tesoro en morocotas y se fueron a la casa del señor que manejaba el tractor, lo consiguieron cuando venía de vuelta a buscar mas monedas, lo agarraron a la fuerza, lo apalearon y golpearon, lo llevaron obligado a su casa y la misma policía le robó las monedas que había guardado junto con todas las que estaban en el tractor y las que quedaban en la carretera.

Mas nunca se supo del paradero de esas monedas, tampoco se supo si ese tesoro contenía otras piezas como joyas o armas antiguas. Y hasta ahí llega la historia.

Todavía no he podido ir al lugar pero le comenté la historia a un amigo y me dijo que el ha visto ese sitio, parece ser que es un cerrito con una parte de un túnel tapado y que efectivamente pasa al lado de la carretera que va desde Las Cumaraguas a el Vinculo.

Reflexionando sobre eso y haciendo memoria, he escuchado varias veces de personas que han conseguido morocotas enterradas en el piso de sus casas o empotradas en las paredes de las mismas. Casi siempre en los pueblos.

En otras ocasiones se consiguen otros objetos de valor. Mi abuelo en el pueblo de Calabozo, estado Guárico, encontró con un detector de metales, un lote de armas antiguas enterradas en su casa que en la época de la Guerra de Independencia había sido la caballería del temible jefe realista Tomas Boves. Esas armas mi abuelo las donó a un museo de ese estado.

También he escuchado que las personas que han hecho esos descubrimientos mandan a fundir las monedas y luego las venden según sea su peso sin saber que su valor histórico multiplica el valor que tiene ese oro, en algunas ocasiones, hasta 30 veces más.

Para todo aquel que haya logrado realizar alguno de esos hallazgos les diré que El Banco Central de Venezuela, en su departamento de numismática compra esas monedas valorando su peso en oro y su valor histórico, sabiendo que en Venezuela abundan todavía las casas viejas con monedas de oro enterradas y empotradas en las paredes.

Varias de esas monedas son exhibidas en una exposición permanente en la planta baja del BCV, donde también puede apreciarse muchos objetos históricos antiguos, como la original  espada de Bolívar que le ofrendara el gobierno de Perú.
Chao, los quiero mucho.